martes, 26 de julio de 2011

El barrio donde vivía Nahuel Montenegro: Villa Agüero

El viernes 22 de julio se realizó una manifestación frente al Hospital Presidente Perón de Sarandí, en el marco del pedido de justicia por la muerte de Nahuel Montenegro y para enviarle fuerzas a Daniel Cilenzi, sobreviviente e internado, luego de ser chocados por un patrullero de la Policía Vial.



No había algún medio de los que siempre acuden al llamado indignado de vecinos que piden más seguridad y tampoco estaban esa clase de respetables vecinos. Estaban los familiares y amigos de Nahuel y Daniel, pilares fundamentales de este reclamo, sin los cuales este hecho habría pasado desapercibido.



Desde dentro del Hospital emanaban las caras burlonas del personal de seguridad y desde la parada de colectivos los frustrados pasajeros miraban con desprecio al grupo de jóvenes que vino peregrinando desde su barrio, Villa Agüero, para hacerse escuchar y pedir algo que cada vez es más parecido a un privilegio para pocos: justicia.

Visten altas llantas y holgados equipos deportivos, a lo que si le sumás la gorrita, no cabe duda de que se trata de un grupo de negros villeros o pibes chorros. “Ellos no merecen justicia, la justicia es para los vecinos de Mitre y Las Flores o de Plaza Alsina tal vez”. “Está bien que un policía mate a un chorro”. “Algo habrá hecho”. Pensamientos que más de uno ha tenido en esta época donde algunos eligen comprar el espejismo del “rejuvenecer de la política”. Rejuvenecer de la política las pelotas. Hay más olor a conserva que en una lata de tomates.

Inmediatamente arreglamos hacer una visita al barrio Villa Agüero (juro que no sabía que existía un barrio llamado así en Avellaneda). La idea es tomar testimonios de los familiares de Nahuel y Daniel y de sus sospechosos amigos. La fauna política, siempre necesitada en erradicar las villas (al menos nominativamente) rebautizó a dicho barrio como “El Porvenir”. No hace falta erradicar la pobreza y la falta de oportunidades, sólo hace falta cambiarle el nombre a las villas.



La cita es en la Plaza que está pegada al Club del barrio, llamado “el Porvenir”. Una cuadra antes de llegar al punto de encuentro se escucha el inexperto ritmo de unos bombos y redoblantes. Quien olvidó poner el despertador en esta mañana de lunes, estará agradecido. Adornan la plaza los pasacalles y banderas que están presentes en las manifestaciones. Nahuel también está presente, avisan. Uno de los pasacalles cita una frase de la canción “Carlos” de Simplemente Nahuel: “Perdimos un buen amigo, ganamos un angel para Dios”. Intento adivinar lo que cualquiera puede pensar del look de estos chicos que tienen entre 15 y 23 años de edad. Son los típicos pibes de la esquina, de la plaza. Nadie daría un peso por ellos pero son el motor del reclamo. Apostaría un ojo a que ninguno leyó El Capital o La Comunidad Organizada pero eso no importa a la hora ser leal a la memoria de un amigo caído bajo la violencia institucional.



Me cuentan que antes, cuando ellos eran chicos, en la superficie de la plaza y el club existía una cancha de 11, un potrero al que cualquier vecino tenía acceso y podía descargar en el fútbol toda la actividad de la semana. Luego se proyectó la construcción del club, que sería para todos los vecinos pero hoy cobra el alquiler de la cancha en cincuenta pesos. Cincuenta pesos. ¿Habrá que comenzar a hablar de distribución del esparcimiento público?

El barrio vendría a estar delimitado por Crisólogo Larralde, Fabián Onsari, Salcedo y el entubado del Arroyo Santo Domingo. Se describen como una ensalada de frutas está el que trabaja, el que roba, el que se droga, el careta, el puto, “Tenés de todos los calibres”, explican. Mientras el olor del arroyo entubado se suma a la charla, agregan: “Acá pasó está desgracia y nos encuentra a todos juntos, unidos”.



Nos dirigimos a la casa de Petrona, mamá de Nahuel para comentarle la idea de hacer un video que hable del barrio y me señalan un mural: “Ese era un pibe que robaba y lo mató la policía… Siete tiros le dieron, con el primero ya estaba muerto.” Pasan los patrulleros despacito. A esta hora el boca a boca (medio de comunicación más rápido que conexión de banda ancha) alerta acerca de algo muy peligroso en este tipo de barrios: los sospechosos amigos de Nahuel, en lugar de pasar el día en la plaza, viendo el tiempo pasar, están caminando el barrio, hablando y organizándose. Y hablando con un periodista. Danger.



Cuentan que cuando llueve mucho el barrio se inunda y que la mala obra de entubamiento no permite el desagüe natural del agua. Los pasajes internos están sin asfaltar y en la esquina de Mansilla y Salcedo los automovilistas asustados por la inseguridad no miran antes del cruce y se producen choques y accidentes. Hay un jardín pero es sólo para trabajadores de la municipalidad. Antes funcionaba un comedor. En la planta baja hay una biblioteca. También hay un Concejal que hace gala de pertenecer a ese barrio, pero sectoriza la ayuda social a sus más allegados. El edil se llama Jorge Gamarra y en su currículum podemos citar su voto para la aprobación de la ordenanza 21.332 que rezonifica la Costa de Avellaneda, habilitando a la Multinacional Techint a construir el Puerto Madero de Zona Sur.

Volvemos a la plaza y vuelve el ritmo de bombos y redoblantes. El ritmo es cada vez menos inexperto. Pienso que habría que conseguir instrumentos percusivos y armar una murga, se los digo y me bajan de vuelo: “fuimos a pedirle al Concejal plata para cambiar los parches y no nos quiso dar, no confía en nosotros”. No me bajan de vuelo porque el funcionario del barrio no ayude a la gente de su barrio, sino porque piensen que alguien les tiene que dar algo.



Miro a los nenitos que juegan en la plaza, ¿qué actividad tienen para hacer en su tiempo libre? Hay fútbol infantil para niños y a veces vienen de una iglesia evangélica a realizar actividades en la plaza. Eso es to-to-todo amigos. Al final la esquina, la plaza mal vista, termina siendo el único lugar de inclusión para los jóvenes.



A veces paran los bombos para improvisar algo que podríamos llamar asamblea e ir definiendo los próximos pasos a seguir. Mientras nos despedimos e intercambiamos teléfonos me quedo pensando en la bandera negra con letras amarillas que sentencia: “Nahuel: Si verte fuera la muerte y no verte fuera la vida prefiero morir y verte ke no verte en toda la vida”. Saquen sus conclusiones, yo me voy a escribir la nota y a editar el video.

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