sábado, 5 de noviembre de 2016

La hora de los curtidores

La curtiembre Antonio Espósito S.A. envió telegramas de despido y suspensión a la totalidad de su planta de trabajadores. Desde ese día se mantiene una carpa en la puerta de la planta de la calle Villa de Luján 1380, en Sarandí.




"No aflojes papá", le dicen Ayelén, Katia, Lara y Thiaguito a su papá Manuel Juárez, conocido como "Manolo" entre sus compañeros, este hombre de cuerpo y rulos de grandes dimensiones, prepara las alitas de pollo que serán tiradas a la parrilla. Cuenta que en estas situaciones te das cuenta de los compañeros con los que podés contar. "Hay compañeros que estando suspendidos podrían quedarse tranquilos en sus casas, sin exponerse y vienen igual", reflexiona. Manolo es uno de los que recibió el telegrama de despido, es congresal por Sindicato de Obreros Curtidores y además conduce el programa de radio "La hora del curtidor" que se emite por FM Varela 92.9.



La empresa se encuentra en concurso preventivo de acreedores. Luego de solicitar un procedimiento preventivo de crisis -del cual desistió inmediatamente-, envió los telegramas. "La empresa está en infracción. Una vez que el Ministerio dicta la conciliación, todo tiene que volver a foja cero, al momento inmediato anterior al inicio del conflicto. El lunes tendrían que haber empezado a trabajar", dice Horacio Celis, Secretario de Turismo del gremio. "Están vaciando la empresa, facturando todo con una empresa paralela llamada Servicios Integrales Para El Cuero (SIPEC) que tiene el mismo domicilio y directorio que Antonio Espósito S.A." remata el referente gremial.



La convivencia y la limpieza son temas claves en los acampes. Con su camiseta de Independiente, Daniel Rojas, salpica el piso con agua y pega una barrida. Es uno de los suspendidos que podría estar en su casa. "Hay que apoyar a los compañeros y estar acá para buscar una solución" dice este hombre de 45 años que ya tiene 2 nietos.



Cuando se entra a trabajar a una fábrica, existe un ritual que se produce antes de llegar a tocar una máquina o una herramienta: la colocación del apodo. Cuando Daniel Suárez comenzó a trabajar hace 23 años, usaba barba y pelo largo, por lo cual se ganó el "Jesús" que hasta hoy lo acompaña, aunque ya no tenga el pelo largo ni la barba y esté lleno de canas. "Ya venían con atrasos, nos debían un premio de 2015 y el aumento de las paritarias. Las quincenas las venían pagando en dos veces", recuerda en esta agradable mañana de sol que baña la carpa. "No te olvides que acá pasamos las tormentas con fuertes vientos y lluvias" remarca.



Para mantener las lonas y plásticos que hacen de carpa hacen falta hilos, cables y sogas fuertes, en estado de tensión, como en alerta permanente. Así templan su piel y su espíritu, estos obreros que viven el tiempo más curtidor que les tocó vivir.