lunes, 3 de octubre de 2011

La muerte física como consecuencia de la precarización de las condiciones de trabajo de los obreros municipales de Avellaneda

El 14 de septiembre, Adrián González falleció a raíz de las precarias condiciones de trabajo que soportan los obreros municipales de Avellaneda. En la clínica Palaá estuvo agonizando desde el día 13, momento en el cual cayó de cabeza desde una altura de 4 metros. Se encontraba podando los árboles que están frente al Centro de Jubilados que está al lado del Vivero Municipal.

Sin casco, sin antiparras, sin barbijo, sin protectores auditivos, sin botines, sin vehículo hidroelevador, sin inspectores de tránsito que desvíen los autos. Sus compañeros de cuadrilla tampoco tenían los elementos de trabajo correspondientes. En Avellaneda no se respeta el Salario Mínimo, Vital y Móvil. La normalización de la precarización del trabajo y de la vida, hace pensar que estas reivindicaciones parezcan lujos pretendidos por un grupo de militantes de izquierda. Pero no, estas cuestiones son un derecho consagrado en el entramado jurídico-laboral-legal vigente.

El Ministerio de Trabajo de la Provincia ya había realizado actas que informaban de irregularidades en el Corralón Municipal. Desde hace cuatro años un grupo de trabajadores -nucleados en la Agrupación Luis Pons- realizan retención de tareas y denuncian esta precarización.

La gestión del Gobierno Municipal paga horas extras a los trabajadores que no se muestren conflictivos, logrando tres efectos: por un lado ejecutar un dispositivo de control social, por el otro incentivar la competencia entre los alienados trabajadores que luchan por un mejor salario y por último desgastar cualquier intento de solidaridad y organización colectiva de los obreros. ¿Adrián González habría estado soportando trabajar por horas extras a cualquier costo? ¿Incluso para perder su vida y dejar a su familia sin su sostén?

El Sindicato de Trabajadores Municipales de Avellaneda (STMA), al responder al mismo signo político-partidario al que también responde la Gestión del Intendente Ferraresi, queda sin mucho márgen de maniobra para intentar siquiera una reivindicación a la patronal municipal. Si a esto le sumamos el ingreso -permitido en su momento por el STMA- de cuadrillas del Plan Argentina Trabaja para realizar tareas para el municipio, estaríamos frente a un vaciamiento del Sindicato ya que el trabajador municipal está en vías de extinción.

La Agrupación Clasista Luis Pons surge luego de la muerte del trabajador municipal que en agosto del año 2007 tomó su guardia como sereno en el Vivero en medio de una noche lluviosa y fría. Luego de poner a secar su ropa, improvisó un brasero, se quedó dormido y por el gas del carbón nunca más despertó. Pons ya había solicitado que instalen calefacción en el puesto de guardia.

Los trabajadores clasistas caracterizan a la gestión municipal de Ferraresi como una continuación de la gestión de “Cacho” Alvarez. “Se presenta como un intendente progresista que rinde homenaje a los caídos de Monte Chingolo y a nosotros nos manda a la policía para realizar tareas de inteligencia y amedrentamiento”, señalan. Ferraresi era Secretario de Obras Públicas al momento de la muerte de Luis Pons.

La precarización del trabajo y de la vida tiene muchos ejemplos que pueden ser utilizados para deconstruir el relato del sometimiento municipal. Se puede proponer un juego: el de encontrar un matafuegos en el Corralón Municipal. Con este tipo de juegos se pueden organizar las olimpíadas de la precarización. Observemos esta foto de los vestuarios del Corralón Municipal:



Sí, los trabajadores se cambian en la plaza que está pegada al Corralón porque su vestuario está clausurado.

Nunca faltan los caraduras que son funcionarios ejecutivos o legislativos que tildan a cualquier intento de organización, de tener tintes “políticos” o “electorales”. ¿Y ellos no militan en ningún partido? ¿Ellos no se presentan a elecciones? Por último, recordemos este número: 2. En Avellaneda hay 2 concejales que surgen del riñón del STMA: Daniel García y Hernán Doval. También son 2 los trabajadores muertos. ¿Parece poco no? ¿Cuántos trabajadores más tendrán que morir para que nos escandalicemos?

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